Conversando de Montevideo

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Por Milton Fornaro

El arquitecto Mariano Arana es una figura pública reconocida por muchos uruguayos. No todos tienen por qué saber que él es un enamorado de una Montevideo que conoce como la palma de su mano. Muchos tal vez desconozcan o no recuerden el formidable grupo de arquitectos jóvenes y estudiantes que lo acompañaron en la defensa del patrimonio edilicio de la Ciudad Vieja, que derivó en un audiovisual y posteriormente en el libro Una ciudad sin memoria (1983). En plena dictadura, ese colectivo fue una voz de alerta para advertir los desmanes cometidos por los cultores de la limpieza y el orden, por los amantes de la piqueta fatal del progreso.

Arana. Pasión por Montevideo narra la relación estrecha entre un hombre y su ciudad, a la vista de dos testigos de lujo, el escritor Horacio Cavallo y el fotógrafo Carlos Contrera. Ellos son los encargados, a través de las palabras y de las imágenes, de transmitir el conocimiento de Arana en relación a sitios frecuentados por montevideanos y visitantes. A la doble condición de arquitecto y de historiador de la ciudad se le suma la pasión de alguien capaz de ver y sentir lo que hay detrás de la fachada de un edificio emblemático, debajo de las baldosas de un paseo reconocible, o en las calles de un barrio alejado del Centro.

Alcides Abella, el editor, padre de la idea y responsable empecinado de que este libro exista, previene en el prólogo que “no es una guía de Montevideo, sino un aporte sustancial para entender la ciudad”.

Efectivamente, el propósito, la concepción y la realización misma de este volumen trascienden los límites de una simple guía turística. Si bien está organizado como un recorrido por la ciudad, el resultado no se reduce a una enumeración de monumentos, edificios y lugares que merece la pena conocerse.

La diferencia está en que, aunque la voz cantante la lleva Arana, sus compañeros de aventura, a lo largo de días y días de salidas y caminatas, contribuyen con sus intervenciones a transformar en una conversación múltiple el antiguo diálogo del arquitecto con la ciudad. No se trata únicamente de ellos tres, sino que también cuenta la opinión de los vecinos curiosos que por momentos salen al paso de los caminantes.

El inmovilismo de lo observado se dinamiza por la palabra, como si los objetos quietos cobraran vida al influjo de lo que se dice y escucha, que Cavallo recoge y recrea para el lector. No hay meras descripciones, hay diálogo. Es así que en un momento, Contrera y Arana hablan sobre la película La danza de los vampiros a propósito de nada, que es como a veces discurren las conversaciones.

O, en otra página, cuando Cavallo, al referirse al castillo del Parque Rodó, aprovecha para mencionar un libro de Carlos Maggi, donde el autor al aludir a la curiosa construcción la tilda de castillo de mentira. Antes Arana había relacionado el lugar con Juan Carlos Onetti, en la época en que el novelista era funcionario municipal.

No importa que el relato transcurra por el Prado, Peñarol, Paso de la Arena, el Cerro, el Complejo Bulevar, o Punta Carretas, entre otros sitios recorridos, todos están vinculados con mujeres y hombres, la verdadera medida y la razón de una ciudad. En más de una oportunidad, Arana se refiere a los montevideanos, y muchas veces es implacable para criticar actitudes, costumbres o modas que rompen la armonía que debería existir entre la ciudad y sus habitantes.

Se trata de un paseo dialogado y cordial, conducido por un conocedor cabal y memorioso extraordinario, que da cuenta de la pasión por una Montevideo que aparece distinta a nuestros ojos. Una manera amena, sin estridencias ni petulancia pedagógica, de mostrarnos una ciudad donde muchas cosas aún se hacen caminando y saludando.

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