Dulces tentaciones

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Por la Lic. en Nutrición Julia Cassinelli

El sabor dulce es considerado en forma global por todas las culturas de la Tierra como uno de los sabores más atractivos. Lo dulce genera placer, al punto de que a muchas personas les resulta difícil no cometer excesos.

¿Por qué nos gusta tanto?

Inconscientemente, en nuestra mente siempre asociamos al sabor dulce con el placer y la supervivencia.

Desde el inicio de nuestra vida es el primer sabor que sentimos otorgado por la lactosa, que es el azúcar natural de la leche materna. Al succionar el bebé se satisface, se tranquiliza y se calma por la proximidad con su madre. Toda esta escena placentera de confort, seguridad y afecto tiene sabor dulce y esto queda muy arraigado en nuestro inconsciente.

La presencia de la lactosa como azúcar en la leche es muy conveniente ya que le aporta energía al bebé y la hace apetecible para atraerlo a que se alimente, se hidrate, se desarrolle y crezca. De esta forma, el sabor dulce se relaciona con la supervivencia. El bebe sobrevive porque recibe leche y la leche es de sabor dulce.

Esta asociación entre sabor dulce y placer se refuerza día a día, dado que en nuestra cultura, en todos los eventos sociales agradables está presente este sabor. En la torta de cumpleaños, en los bombones para la conquista amorosa, en los afectuosos dulces de la abuela, entre otros. La mayoría de nuestros recuerdos de la infancia están asociados al sabor dulce.

El doctor Adam Drewnowski, director del Centro de Investigación para la Obesidad, de la Universidad de Washington, afirma que nuestra atracción por el sabor dulce tiene que ver con los genes y con el instinto de supervivencia.

Recordemos que los azúcares son fuente directa de energía para nuestro organismo y en especial para el cerebro. Drewnowski explica que, históricamente, hemos preferido lo dulce como método de supervivencia pues este sabor se asocia con comidas energéticas y saludables, mientras que los sabores amargos se relacionan con comidas tóxicas. Nuestros antepasados solo podían distinguir entre un alimento y un veneno según si este era dulce o amargo; así se acostumbraron a preferir los sabores dulces.

Sin embargo, los dulces hoy día son alimentos muy cuestionados por su relación con las crecientes cifras de sobrepeso y obesidad que afectan a la población mundial. La pregunta que muchos se hacen es si deben privarse de ese sabor que tanto nos gusta y tanto placer nos genera.

Azúcar sí, pero con moderación

Al igual que todos los alimentos, el azúcar tiene un papel en la dieta: es fuente directa de energía; y por las razones que hemos expuesto, también de gratificación. Siempre y cuando no se consuma en exceso, puede formar parte de una alimentación saludable en personas sanas.

De hecho, los azúcares y dulces están incluidos, ocupando una pequeña proporción, dentro del icono saludable del Ministerio de Salud Pública para la población uruguaya.

El mensaje es claro, las personas sanas pueden consumir dulces pero con moderación. La Guía Alimentaria para la población uruguaya, recomienda para un adulto promedio que la cantidad de azúcar ingerida por día no supere las 10 cucharaditas diarias.

Esto permite disfrutar del sabor dulce y otorgarle energía a nuestro cuerpo con una cuota moderada de dulces en el desayuno y en la merienda, por ejemplo. No significa que podemos abusar en forma indiscriminada, ni todos los días, de los postres y productos de galletería con alto contenido en azúcares.

Los alimentos dulces elaborados por la industria alimentaria como alfajores, galletitas rellenas y golosinas, así como los refrescos y jugos azucarados tienen todos un alto contenido de azúcares agregados.

El consumo frecuente y en cantidad de estos productos es una tentación poco saludable porque detrás del placer de saborear un dulce se esconde una gran cantidad de azúcar que se relaciona directamente con el sobrepeso, la obesidad, mayor riesgo de caries dentales y triglicéridos altos.

Además, en la mayoría de los alimentos dulces de panadería y repostería elaborados por la industria el exceso de azúcar está combinado con un alto contenido de grasas de mala calidad y colesterol que, en exceso, afectan la salud del corazón y las arterias.

Adicción a los dulces

La atracción hacia el sabor dulce ejerce una profunda influencia sobre el comportamiento alimentario. Cuando el deseo por los dulces es tal que se hace muy difícil de controlar, ya no se trata de una simple predilección, sino que estamos frente a una obsesión insana. Se habla de adicción a los dulces.

No obstante, estrictamente no sería una adicción, sino que lo correcto es hablar de conducta compulsiva. La apetencia por consumir dulces es desmesurada y muy difícil de controlar. Existe dependencia y ansiedad y esto genera una profunda sensación de malestar emocional.

El ansia por consumir dulces puede llegar a ser tan fuerte como una adicción al tabaco o al alcohol. Modificar esta conducta es difícil, pero posible.

Consejos para evitar los excesos de dulces

Si eres una de esas personas a quien le cuesta controlar el consumo de dulces, estos consejos pueden resultarte de ayuda:
Reducir la disponibilidad de alimentos dulces en casa

Cuando sabemos que tenemos debilidad por determinados alimentos dulces lo mejor es directamente no tenerlos en casa. Si los tenemos, la amenaza de consumirlos y perder el control es constante. Comprarlos únicamente para aquellas ocasiones especiales en la cual nos vamos a dar el placer de disfrutarlos.

Permitirse gustos con sus dulces preferidos en ocasiones especiales y preferentemente en compañía

No es aconsejable excluir definitivamente y por completo los dulces preferidos. Debemos darnos lugar a la gratificación, pero sin abusar. La prohibición total a algo que nos gusta mucho acumula frustración y deseo desmedido que generalmente termina en una pérdida total de control.

Alimentarse de manera consciente

Frente a una tentación, uno debe preguntarse por qué va a comer, si de verdad tiene hambre o cuál es el motivo por el que quiere comer. Esto permite tomar consciencia para poder discernir entre cuando realmente necesitas comer y cuando lo haces por cualquier otra razón. Recuerda no recurrir a los dulces por motivos emocionales como pueden ser estrés, angustia, tristeza o enojo.

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