Etiquetado frontal de alimentos: comprender para decidir mejor

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Por la Lic. en Nutrición Lucía Alba.

El etiquetado frontal de alimentos es una de las estrategias recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para facilitar el acceso de los consumidores a información nutricional que les permita hacer elecciones saludables. Tiene como objetivo proteger a la población contra los principales factores de riesgo que perjudican su salud y desarrollo. Pero, con todos los cambios que se han suscitado en nuestro país de un tiempo a esta parte en lo que a regulación respecta, es posible que el consumidor termine un tanto confundido entre tanta información.

¿Por qué un rotulado frontal?

En Uruguay y en el mundo, las cifras son alarmantes: el 65% de los adultos y el 40% de los niños presentan exceso de peso. El sobrepeso y la obesidad son uno de los factores de riesgo para el desarrollo de Enfermedades No Transmisibles (ENT) como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

Estas patologías, cuya prevalencia va en aumento, guardan estrecha relación con un cambio en los hábitos alimentarios y estilo de vida.

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre los años 2010 y 2013, la venta de alimentos procesados y ultraprocesados en Uruguay presentó un crecimiento de más del 140%. En el año 2013, su venta fue de casi 150 kg per cápita.

Su ingesta excesiva se debe, en parte, a un incremento abrumador en los últimos años en lo que refiere a la disponibilidad, accesibilidad, publicidad y promoción de los mismos.

El problema con este tipo de productos radica en su elevado contenido de calorías y nutrientes críticos como grasas, azúcares y sal, además de su carencia en vitaminas, minerales, fibras y componentes bioactivos.

Es cierto que en la actualidad podemos encontrar en los paquetes muchísima información respecto a la procedencia, vida útil, conservación, ingredientes y composición nutricional de los productos.

Sin embargo, los estudios tanto nacionales como internacionales muestran que la gran mayoría de la población no logra interpretarla y, por lo tanto, no la utiliza para tomar decisiones de compra.

Además, muchas veces los envases presentan elementos persuasivos que pueden llevar a sacar conclusiones erróneas acerca de los mismos.

A menudo se utilizan palabras, colores o imágenes con fines publicitarios, que pueden dar idea de que un producto tiene propiedades o características que en realidad no tiene. Por ejemplo, existe una fuerte asociación entre el color verde y la percepción de saludable. Incluso, la utilización de personajes o dibujos animados influyen positivamente en las preferencias de los niños, quienes suelen ser uno de los principales blancos de las estrategias publicitarias.

En el marco de esta situación resulta necesario implementar estrategias que faciliten la información al consumidor para que pueda hacer elecciones saludables. Con ese fin, la OMS y la OPS realizan recomendaciones para hacer intervenciones regulatorias, tales como establecer sistemas de etiquetado frontal a los alimentos procesados que tengan agregado y superen los límites establecidos de sodio, azúcares y grasas.

Es así como luego de un largo proceso de investigación se elige como sistema de rotulado frontal a los sellos de advertencia: octógonos negros con borde blanco, en cuyo interior se lee la palabra “exceso” seguida del nutriente que corresponda: grasas, grasas saturadas, azúcares y/o sodio. Aparecen preferentemente en la parte superior y siempre en la cara frontal del envase.

Un largo camino

En 2018, el Estado uruguayo emitió el decreto 272/018 para el rotulado frontal de alimentos envasados en ausencia del cliente, como resultado de un trabajo que venía de muchos años atrás.

En efecto, dos años antes, en 2016, se había creado un equipo interinstitucional que comenzó a trabajar sobre el rotulado frontal. El borrador de ese decreto se elevó a consulta pública por 3 meses en junio de 2017. Como resultado, el proyecto fue modificado (los valores fueron flexibilizados y la resolución final se aprobó el 29 de agosto del 2018.

A partir de allí se otorgó un período de 18 meses para que la industria se pudiese adaptar, modificara sus etiquetas o hiciera los ajustes necesarios en la formulación de sus productos.

Finalmente, el decreto entró en vigencia el 1° de marzo del año 2020. Sin embargo, 10 días después, el gobierno suspendió su obligatoriedad durante un período de 120 días, para una nueva revisión. En setiembre del 2020, se publicó un nuevo decreto, el 246/020, que sustituyó al primero, con lo que se volvió a flexibilizar los límites de nutrientes críticos.

Esta resolución debía comenzar a regir su obligatoriedad el 1º de febrero del 2021. Pero, el pasado 26 de enero se publicó un nuevo decreto, el 034/021, sustituyó al anterior y donde se volvieron a flexibilizar los límites de nutrientes críticos. Este último entró en vigencia el 1º de febrero de 2021 y es el que rige actualmente.

¿Cómo saber si un producto debe llevar octógonos?

  • Para que un producto lleve sello de advertencia debe cumplir con tres condiciones:
  • Que haya sido envasado en ausencia del cliente.
  • Que esté listo para ser ofrecido a los consumidores en territorio nacional.
  • Que lleve etiqueta nutricional.

Cumplidas estas condiciones cabe preguntarse si durante su proceso de elaboración se ha adicionado sodio, azúcares y/o grasas. Si la respuesta es sí, habrá que evaluar si estos nutrientes exceden los límites establecidos. Finalmente, si el producto excede los límites para alguno de estos nutrientes deberá llevar impreso o adherido el/los sellos de advertencia que correspondan.
Para identificar presencia de sodio, azúcares o grasas es necesario recurrir al listado de ingredientes. Nombres como sal, cloruro, fosfato o carbonato de sodio, indican sodio añadido. Ingredientes como azúcar, sacarosa, miel, jarabe de maíz de alta fructosa, glucosa, jugos o concentrados de frutas, denotan presencia de azúcares añadidos. Mientras que términos del tipo crema de leche, manteca, aceite vegetal, aceite hidrogenado, grasa, etc., indican adición de grasas.

¿Cómo interpretar los sellos?

De acuerdo con el decreto 034/021, los puntos de corte para establecer los excesos de nutrientes críticos son los siguientes

No solo se han modificado los valores para definir “exceso” a lo largo de todo este proceso de cambios, sino que también se ha modificado la base de cálculo. En el primer decreto (272/018), los nutrientes eran calculados en función a las calorías, independientemente de la cantidad consumida, mientras que en los decretos siguientes (246/020 y 034/021), la base de cálculo pasó a ser de 100 g.

Esto puede representar un problema sobre todo en aquellos productos en los que la porción es mayor a 100 g, ya que pueden estar exentos de sellos, pero sí contener exceso de nutrientes críticos en la totalidad del envase que, en definitiva, es lo que el consumidor termina ingiriendo.

A modo de ejemplo: un yogur para niños presenta 7 g de azúcares cada 100 g. De acuerdo con el decreto vigente este producto estaría eximido de octógonos. Sin embargo, el envase individual contiene 185 g, que representa la porción de consumo, por lo que el contenido de azúcares de la botella será de 13 g. Esto constituye más de la mitad de la recomendada para niños por día según OMS.

Otra consecuencia que ha traído esta flexibilización de valores es que hay muchos productos, sobre todo de consumo infantil, que con los antiguos decretos llevarían sellos, pero que con los puntos de corte actuales ya no les corresponden. Ejemplo de esto son derivados lácteos como postres y yogures.

Los sellos de advertencia son una herramienta que puede desmotivar la compra y el consumo de alimentos con excesos y, por lo tanto, contribuir a la mejora del estado de salud de la población. Sin embargo, es necesario que el consumidor continúe siendo crítico al momento de enfrentarse a un producto procesado, ya que, en muchos casos, la necesidad de acudir al listado de ingredientes o a la tabla nutricional seguirá existiendo.

Comprender el verdadero significado de los sellos de advertencia o la ausencia de los mismos será el primer paso hacia la toma de decisiones más informadas y, seguramente, más saludables.

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