Protección del sol en invierno previene y disminuye el cáncer de piel

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Por las Dras. Lídice Dufrechou y Alejandra Larre Borges,  Dermatólogas.

Todos sabemos que el índice de radiación ultravioleta disminuye en los meses de invierno. Durante este período del año, no sentimos la penetración del sol de forma tan intensa en nuestra piel como en verano; no quedamos rojos luego de exponernos, incluso al mediodía y, de hecho, es extremadamente difícil broncearse.

A todo esto se suma nuestra menor exposición solar al disminuir nuestras actividades al air libre. Entonces, ¿es útil protegerse del sol en invierno? ¿Qué otras radiaciones pueden dañar nuestra piel durante la exposición en invierno?

La radiación ultravioleta proveniente del sol es responsable del 80% de los cambios que producen el envejecimiento cutáneo y la formación de cánceres de piel.

El envejecimiento de la piel o fotoenvejecimiento incluye arrugas, sequedad, flaccidez, deshidratación y manchas, así como alteraciones en el color y la textura de la piel.

Los cánceres de piel provocados por el sol son múltiples; los más importantes son el melanoma, el carcinoma basocelular y el espinocelular, todos ellos dependientes de la radiación ultravioleta emitida por el sol.

Todos estos efectos del sol obedecen por supuesto a la exposición voluntaria y recreativa que tenemos durante el verano.

Pero, la exposición invernal tiene un rol para nada despreciable en este sentido. Durante el invierno es más frecuente que nuestra exposición solar sea generalmente involuntaria; no vamos a la playa, pero muchos de nosotros desarrollamos actividades deportivas o laborales al aire libre, traslados e incluso actividades recreativas, aunque en menor medida que en verano.

Varios estudios señalan que la protección solar mantenida a lo largo del año previene y disminuye el número de lesiones malignas y premalignas en la piel, sobre todo en personas de riesgo.

Asimismo, los efectos preventivos de la protección solar se aplican al envejecimiento precoz y la prevención de arrugas, manchas en la piel y flaccidez cutánea.

El sol disminuye nuestra capacidad de formación de proteínas como el colágeno y la elastina, importantes para el sostén y elasticidad de nuestra piel y ocasiona como consecuencia una pérdida de tensión en nuestros tejidos o flaccidez cutánea.

Es por ello que sería imposible pensar en cuidados diarios de la piel sin incluir una protección solar. De hecho, cada día más, las formulaciones cosméticas incluyen en sus presentaciones, agentes de protección solar de uso diario, sin discriminar verano o invierno.

¿Todos debemos aplicar protección solar en invierno?

Si bien todos somos susceptibles a los efectos negativos del sol, en las personas de piel clara y en especial en niños y jóvenes menores de 20 años, las medidas de protección solar deben ser enfatizadas. Quienes tienen piel clara, ojos claros, presencia de pecas son de por sí más sensibles a los efectos que el sol genera como el cáncer, la disminución de la inmunidad y el envejecimiento. Aquellas personas que han presentado cáncer de piel, enfermedades autoinmunes sistémicas, como lupus y dermatomiositis, entre otras, enfermedades fotosensibilizantes; personas que sufren de hiperpigmentaciones de la piel y melasma, tienen indicación de utilizar protección solar durante todo el año, ya que su riesgo de nuevas lesiones y exacerbaciones de sus patologías está aumentado.

Los niños y jóvenes, son también vulnerables al daño solar, si bien el papel de la exposión estival cumple un rol más importante en este grupo etario por el riesgo de quemaduras solares, obviamente mayor en verano.

¿Qué incluye la protección solar durante el invierno?

Entendemos la fotoprotección como una conducta tendiente a disminuir los efectos dañinos del sol en nuestra piel. Esta incluye la disminución de la exposición solar, el uso de ropa, sombrero, lentes y protectores solares.

Estas medidas son válidas tanto en verano como en invierno y es deseable su cumplimiento durante todo el año. Por eso tienen especial relevancia los protectores solares dado que, en esta época del año, las áreas que más exponemos son la cara, los antebrazos, áreas del escote y la calva en el caso de los hombres.

Afortunadamente, existen varias formulaciones adaptadas a uso diario, con menor tenor graso, incoloras o incluso con tonos que remedan el color de la piel y pueden funcionar como maquillaje.

¿De qué otras luces debemos protegernos?

La tan mencionada radiación ultravioleta que llega a la tierra, rayos UVA y UVB, se encuentran entre longitudes de onda de 280 a 400 nm. Sin embargo, varios estudios sugieren que luces a otras longitudes de onda, emitidas por el sol y otras fuentes de luz, son capaces de dañar la piel, y generar aumento de la pigmentación y manchas que implican que la piel está dañada. Las camas solares tienen efectos similares.

¿Qué pasa con la luz azul?

La luz azul es luz visible emitida entre las longitudes de onda de 400 a 500 nm. Su principal fuente es la luz solar, pero las pantallas digitales emisoras de luz, los diodos (LED) y la iluminación fluorescente sirven como fuentes adicionales.

Los efectos biológicos de la exposición repetida y/o prolongada aún no se comprenden completamente. Mediante tiempos de exposición bajos y de baja energía a la luz azul de alta energía, se puede ayudar a prevenir enfermedades de la piel, mientras que los estudios han revelado que una exposición más prolongada a la luz azul de alta energía, puede aumentar la cantidad de daño del ADN, la muerte de células y tejidos, y lesión, daño ocular, daño de la barrera cutánea y el envejecimiento cutáneo.

En momentos de la epidemia por Covid-19, muchos niños, adolescentes y adultos se ven obligados a permanecer largas jornadas frente emisores de luz azul. Con el fin de evitar sus efectos negativos en la piel, aunque sea parcialmente, podemos optar por el uso de protectores solares presentes en el mercado que cuentan en sus fórmulas con protección contra esta luz.

¿Qué sucede con la vitamina D?

Es recomendable la dosificación en sangre de vitamina D para evitar su déficit, ya que cumple un rol fundamental como antinflamatorio y anticancerígeno. De encontrarse un déficit se puede suplementar de forma oral.

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